Soidades das falas de Arturo Álvarez

SOIDADES DAS FALAS de Arturo Álvarez

16 de junio a 28 de julio

Cuando se piensa en la luz como arte es increíble lo que se puede lograr con estudio y dedicación.

Con más de veinte años trabajando con la luz como medio expresivo, el artista y diseñador gallego ARTURO ÁLVAREZ es actualmente uno de los profesionales más innovadores y reconocidos en el campo del diseño y de la experimentación lumínica, su obra reúne tecnología y arte contemporáneo.

El carácter multidisciplinar de esta exposición recorre la Galería de arte LUISA PITA interviniendo el espacio con tres grandes instalaciones pensadas y diseñadas para provocar emociones, con el ser humano como protagonista y la luz como hilo conductor.

Conversas, Encontros y Agora, son esculturas de cuerpos etéreos y formas curvilíneas creadas a partir de materiales como el acero y el cordón japonés, proyectan, a través de la luz, la fuerza del ser humano, su energía vital y su capacidad para abrirse paso como individuo o como grupo. Arturo Álvarez explora las relaciones humanas y la comunicación entre las personas a través del juego de luces y sombras y la expresividad de las piezas en solitario y en conjunto.

Las piezas de ARTURO ÁLVAREZ han formado parte de exposiciones en galerías y museos de arte en España, Londres, Nueva York y Tokio. Premios tan reconocidos como el “Good Desing Award” o el “Best of Year” del prestigioso magazine neoyorquino Interior Design, avalan su trayectoria profesional.

 

Conversas es una colección de rostros, sin tapar, al aire, con todas sus bellezas y miserias a la vista, que adquieren toda su carga dramática a partir de la luz que los proyecta en la pared de forma tridimensional. En el momento que las luces se mueven el grupo establece entre sí un diálogo mudo, inquietante, que nos obliga a pensar en el ser humano, las interrelaciones personales y en las vicisitudes de la comunicación con el otro.

De la malla metálica moldeada, de tacto frío, surge una expresión, un gesto, una mirada… El espíritu al descubierto, descarnado, en unos casos nos observa, en otros, tuerce el gesto escondiendo su ser más íntimo, o está con la mirada perdida.

En todas las piezas hay una cierta uniformidad en la forma que nos incomoda y nos turba; los cuellos y rostros estilizados se alargan hasta el infinito. Y entre estos sentimientos encontrados aparece la luz, para evidenciar con más detalle y dejar aún más, si cabe, al descubierto ese ser interior.

La sombra proyectada en la pared permite ver cada gesto, cada arruga, la expresión de la comisura de los labios o de la mirada. Los volúmenes proyectados son tridimensionales, acentuando al máximo los detalles más ínfimos de los rostros, pómulos, párpados y gestos que nos cuentan cada uno una historia. La instalación cobra una fuerza brutal en el momento que las bombillas entran en movimiento, lo que provoca un movimiento de las sombras, creando una comunicación con acción, de todos con todos.

Es la necesidad del ser humano de estar con el otro y de ser escuchado. Como dice el autor: “al final, lo único que nos queda son las relaciones interpersonales”

Encontros es un conjunto de figuras antropomórficas esbeltas e imponentes. Nos miran, se miran —desde alturas formidables o más cercanas—, probablemente desde un lugar lejano, que el observador intenta comprender. La luz interior que proyectan es la expresión sutil de la fuerza del ser humano, de su energía vital y potencialidad. Son familias de individuos que intentan un diálogo entre sí, desde la perspectiva y la singularidad de cada uno, con sus matices. Las muchas redes que envuelven las piezas, construidas por la sociedad actual, no siempre facilitan la comunicación.

Las esculturas están construidas a partir de unas formas base de máxima sencillez. Sin embargo, una mirada más atenta revela que cada pieza es única y diferente; compleja en su simplicidad.

Alguna tiene la mirada perdida o se le adivina concentrada. Una calma inquietante domina la instalación. Las formas curvilíneas y alongadas de los cuellos, nucas y espaldas aumentan su sutil expresividad acercándolas al observador.

Estos cuerpos etéreos, parecen estar en movimiento, vistos en grupo, generando una comunicación entre ellos, que por momentos parece trascender lo humano.

El individuo frente a sí mismo y la relación compleja con su entorno se presenta en la serie de figuras escultóricas llamadas Agora. La fuerza de la vida intenta abrirse paso, se escapa, en forma de haces de luz brillante, y se eclipsa, en aquellas zonas donde la oscuridad se impone, quedando en el aire muchas preguntas. El ser humano contemporáneo puesto ante la tesitura de un individualismo extremo emerge con fuerza.

Expuestas en grupo no dejan de dar la sensación de una soledad en compañía. Las piezas, en composición suspendida, cuelgan por hilos.

La instalación se vuelve inquietante y obliga a pensar sobre estos “hilos”, ocultos en las sombras, que tejemos nosotros mismos, a nuestro alrededor, o que tejen otros.

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