El trabajo de Nacho Zubelzu se articula como una reflexión sobre los límites físicos, conceptuales y la finitud del mundo, integrando capas de pensamiento vinculadas a la filosofía, la antropología y la arqueología. Desde una relación directa y orgánica con el entorno, su práctica convierte el acto creativo en una extensión de la vida, donde la observación, la memoria y la empatía operan como herramientas esenciales.
Su imaginario, profundamente marcado por lo pastoral y lo trashumante, despliega una cartografía poética en la que paisaje y condición humana se entrelazan. Mediante el uso de técnicas y soportes no convencionales, construye un lenguaje visual de fuerte carga simbólica, atravesado por el misterio que invita al espectador a una experiencia de contemplación y extrañamiento.
Me defino como artista nómada con mucha experiencia viajera y un amplio trabajo sobre la naturaleza y la cultura rural. Algo de renacentista artesano y de artista multidisciplinar. Mi obra es una reflexión sobre la finitud del mundo. Para mí, el arte es algo íntimamente relacionado con la vida, basado en la observación, la visión, la empatía, la memoria y la interpretación, por ello en mis obras se encuentran ecos de filosofía, antropología y arqueología. Mi deleite es el aspecto manual del trabajo creativo y la construcción física de la obra, está en origen, en estrecha relación con la naturaleza.
Abordo distintas disciplinas desde el dibujo sobre papel a la escultura con materiales frágiles y efímeros, y otros más duraderos, acero, plomo, pasando por el vídeo, la performance y la instalación. Utilizo técnicas y soportes muy personales, tales como pintura acrílica sobre acetato, resina de poliéster, radiografías sobre tela o papel y textiles cosidos.
Soy pastor trashumante y voy en una permanente huida hacia adelante llevando conmigo riesgo, vértigo. También llevo adherido en ese trashumar ese lugar en el mundo de peregrinación de hierba, tierra y hombre. Mi trayectoria es un intento de mancharme de vida y vivir manchado de tinta, alambre, barro, metacrilato, pétalos, huesos, plásticos. Esculpo la pintura y pinto los materiales y cuando trashumo viajo sin prisa dibujando ovejas, árboles, pájaros para dotar de serena contemplación tanta mirada contaminada del mundo. Lo mío es rebaño y paisaje, cartografía humana y topografía blanca.
Dibujo con una segadora, me entierro en la naturaleza, doro espacios naturales para dotarlos de una magia especial, construyo rebaños de papel, me he dejado mecer por la zoología y la botánica y he establecido danzas y coreografías con los vegetales.
En mi obra la idea del límite está muy presente, se invoca como refugio personal o como un confín del pensamiento que puede ensancharse tanto como se desee, en un viaje permanente al conocimiento del otro. Tengo varias series, Estacas, Muros, Límites, Viajes, Tinaja que así lo confirman.
También interiorizo las distintas narrativas populares para la creación de un mundo chamánico personal, un mundo de imágenes, refiriéndome siempre al estatus poético de las cosas, a la diferencia entre la luz y las tinieblas. Las imágenes en mis obras aparecen de forma inversa, desde detrás del metacrilato transparente con las que intento sorprender al espectador, contradiciendo su tendencia a leerlas de un modo formalista. Funcionan por medio de la fascinación, explotando las posibilidades de la sorpresa y el misterio.
En definitiva, soy un constructor primitivo que busca perpetuar la tradición inmemorial y genética acumulada, con un poder primario y transformador en mi mano. Quiero atrapar la grandiosidad de la naturaleza y simplificarla en secuencias orgánicas, líneas de tinta, blancos imposibles, texturas engañosas, paisajes de gotas, radiografías insólitas, con el fin último, de encadenar las emociones.
Hola ¿en que puedo ayudarte?