Los trabajos de Rafael Masiá no suelen dejar indiferente al espectador. Ante sus ojos se despliega un complejo universo de formas y color en el que conviven sin mayores disonancias la figuración más rabiosa y la abstracción más emotiva y expresiva. En este sentido todos sus trabajos son laboriosas creaciones en las que la sensibilidad cromática, la dedicación técnica y la imaginación conviven sin mayores dificultades.
Este es el caso de Pintujos. En este último trabajo Masiá despliega todo su saber hacer en cuatro direcciones diferentes pero, como los puntos cardinales en el horizonte de la imaginación, totalmente complementarios: esa vocación abstracta, constante en su obra y presente en sus últimos trabajos; la necesidad de la definición plástica del espacio, uno límite construido para esas escenas inventadas; una figuración que puebla y habita espacios indeterminados; y una profunda sensibilidad hacia la ironía y el guiño.
Juan M. Monterroso Montero
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