La palabra senda remite a un camino estrecho, trazado más por el paso del tiempo y la costumbre que por la voluntad. No es un trayecto evidente, sino uno que se descubre al recorrerlo. En esta exposición, Sendas se transforma en una metáfora visual: un recorrido por doce pinturas que invitan al espectador a adentrarse en paisajes donde la naturaleza y la huella humana coexisten de manera ambigua, unas veces armónica, otras veces en tensión.
Las obras principalmente óleos sobre lienzo y papel presentan escenarios en los que la vegetación desborda muros, vallas o rejas: barreras físicas que insinúan la existencia de un límite, de lo inaccesible o lo ajeno. En la serie Sendas I–IV, que da título a la muestra, la naturaleza parece haber recuperado su territorio, envolviendo discretas arquitecturas. Casas aisladas, ocultas entre la maleza, se revelan como fragmentos de una historia olvidada, suspendidas en un espacio entre el recuerdo y el deseo.
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