Acostumbrados como estamos a las prisas, a vivir el día a día, a mirar siempre hacia delante y hacia fuera, cuando iniciamos el viaje que Leo Wellmar nos propone a través de los paisajes que componen su obra, sentimos desde el principio la necesidad de un cambio de actitud. A medida que nos adentramos notamos cómo perdemos la noción del tiempo, ya que en ellos es inexistente; la prisa se convierte en una relajante paz a medida que avanza el viaje y sentimos que al final el viaje es sólo una excusa: forma parte de la razón de vivir.
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